sábado 24 de octubre de 2009

no cubrir don't cover ne pas couvrir non covrire

Iba escribir la historia de los sueños de Leon Brul. Además había otros relatos explotando por ahí descontroladamente, aunque Leon Brul era el relato de mi vida. Decidí que había llegado la hora de sentarse a escribir. Quería que estallaran a la vez todas aquellas historias llenas de personajes patéticos y emotivos. Era champán del bueno, una pelea de gallos bajo la luna de verano. Sólo de pensarlo me ponía a temblar como si me estuvieran esclafando huevos en el corazón. Sólo necesitaba algunas cosas, comida, bebida, tabaco y algo de ropa. Y un buen lugar. Y que nadie me molestara.
Lo preparé todo.
Compré la bebida y el tabaco. Luego cogí algo de ropa. Luego compre la comida, espaguetis, tomate, cebollas, aceite, san jacobos, papatas. Me encerré. Llegó la primera noche, pero no me gustaba la luz, necesitaba otra luz, esa luz era muy agresiva, no podía concentrarme, no sentía las oleadas de palabras que podía escuchar a lo lejos, todo por culpa de esa maldita luz. Al día siguiente busqué un flexo, y esperé hasta la noche, pero aquella noche no tenía mechero y sin mechero no podía escribir, tenía que fumar, eso era imprescindible. La siguiente noche me quedé durmiendo. La otra estaba aplastado por el calor, era imposible sentir otra cosa que calor y soportarlo ya era suficiente. La quinta bebí demasiado y había un amigo y ni mi acordé. La sexta me pareció que la silla era demasiado baja, estaba incómodo, demasiado bajo… Y en fin, ya sabes lo que pasó durante las siguientes noches: no escribí ni una sola palabra.
Se acabó la bebida. Se acabó la comida. Se acabó el verano.
Cuando necesitas muchas cosas para hacer algo lo que pasa es que nunca son suficientes; siempre estás preparando el escenario perfecto y nunca lo terminas. Y el día que tecleas un poco lo único que sale es mierda fresca. Y después de treinta años aún estás esperando ese gran momento que sólo oculta una gran mentira. La verdad es que no tengo nada. Soy un imbécil.
Le conté esto a aquel hombre de aspecto insignificante que estaba sentado en la barra junto a mí, en la cafetería Xaloc. No nos conocíamos, él me había preguntado algo que no tenía nada que ver con esto y había contestado con esa historia pelmaza. Aquel hombre insignificante y desconocido se quedó mirándome con sueño. En cierta manera había algo en él que me atraía. Cogió su manzanilla y bebió un poco. La luz mojaba su piel porosa y su pelo aplastado. Su pequeño cuerpo poseía una lentitud ancestral.
- Soy un imbécil –repetí – te estoy molestando.
- Se equivoca. Usted no es un imbécil como cree, usted es mucho más imbécil de lo que se imagina. Además tiene la pinta de ser esclavo de su tostador. Pero déjeme también darle un consejo: busque con firmeza al imbécil que lleva dentro. Búsquelo con todo su corazón. A lo mejor, si lo encuentra, descubre usted cosas maravillosas. Soy comercial de una empresa de zapatos para bebés y he aprendido algunas cosas en mis largos y aburridos viajes. Pague mi manzanilla y lléveme a la parada de autobús más cercana. Quiero enseñarle algo ¿Tiene algo que hacer?
- No
Salimos del Xaloc y subimos calle arriba hasta el parque de los leones. Nos sentamos en la parada y esperamos en silencio. Encendimos unos cigarrillos. Eran las 6 de la tarde y la falta de trabajo había convertido a los hombres en niñeras, todos vagabundeaban con sus hijos de un lado a otro, comiendo pipas con una mano y empujando los carros con la otra. Los niños parecían encantados.
- Ahí viene
- Vamos allá
- Dos billetes
Nos sentamos en los últimos asientos. Dentro sólo iba una gitana vieja de piel dorada. El bus arrancó y salió en dirección al Poblado. El hombre insignificante sonrió con satisfacción. Miré por la ventana y me sentí tranquilo. El autobús bajó hacia las vías de tren, giró por el teatro, continuó sin parar, salió del pueblo y cruzó por el puente de la autovía.
- Parece que salimos del pueblo
- Sí. Esto va hasta el Poblado.
- Entiendo. Ahora deje que le explique algo. Quiero demostrarle es que el vacío existe.
- ¿Y necesitas un autobús?
- Sí . No es algo que se pueda comprender con la cabeza.
- Ya estamos llegando
- ¡Fin del trayecto!
Bajamos del autobús. Era una tarde luminosa. La casas parecía arrugadas. Un perro husmeaba las ruedas de un viejo coche rojo. Había ropa tendida de los balcones y unos gitanos charlaban sentados en la acera, sin nada qué hacer. Nos miraron y siguieron charlando. El hombre insignificante y el hombre imbécil se quedaron allí, mirando el campo.
- ¿Y ahora qué?
- Ahora lléveme hasta el siguiente autobús. Porque si un hombre coge al azar un autobús y luego otro y luego otro, sin ir a ningún sitio, de pronto experimenta una emoción absurda, sentirá cómo la realidad se deshace igual que un helado. Y ahí descubrirá en su propia mente el vacío. Y por ahí podrá usted buscar al imbécil que lleva dentro.

El hombre insignificante me miró con curiosidad.
- Hay un problema –Le dije
- Dígame
- En Villena solo hay un autobús.
- ¿Sólo uno?
- Uno solo. Viene hasta aquí, luego vuelve en dirección contraria. Luego vuelve aquí. Ese es su recorrido.
- Entiendo
- No hay más autobuses
- Bien, eso ciertamente es un problema ahora mismo.
- ¿Y ahora qué?
- No sé
- ¿Quiere que demos un paseo de vuelta al pueblo?
- Dejé el coche cerca de la cafetería. No conozco esto
- Te acompaño
- Hace buen día
- Vamos por aquí. Estas calles suben hasta el castillo, vamos por aquí. Te gustará.
- Oh, vamos caminando por Villena ¿Se da usted cuenta? Vamos caminando por Villena y somos dos desconocidos, es algo extraordinario, extraordinario. Oh! Mire, el castillo, ¡Qué vista tan hermosa!
- Antes nadie subía por aquí, después de estas casas estaba la montaña y arriba la autovía. Ahora han abierto una calle y la gente se ha dado cuenta de que los gitanos de aquí tenían las mejores vistas del castillo. Quieren echarlos…
- ¿Es seguro?
- No hay problema.
- Oh, fíjese en esos gitanos que están ahí sentados, los he visto en otras ciudades, Alicante, Zaragoza, Murcia. ¿Conoce usted a Lorca? ¿Sabe usted lo que diferencia a estos gitanos de los gitanos del romancero de Lorca? Pues que estos gitanos tienen los dientes negros y rotos y en esos poemas tienen pinta de tener una dentaduras blancas como la luna y muy hermosas. Esa es la diferencia. Un mundo, amigo mío.
- Por aquí
- ¡ Y qué iglesia!
- Santa María
- ¡Qué piedras! Acaricie su rugosidad, es todo un alfabeto de la desolación, y puede usted temblar ¡Vaya si puede!
- Y esa de ahí es la iglesia de Santiago. Esto es el Ayuntamiento.
- Fermoso pueblo. Me llora la quijotera.
- Y en este bar trabajé yo algunos meses, esta calle nos lleva a la calle principal, estamos cerca de la cafetería
- ¡Cosas que admirar!
- ¿Tienes tiempo?
- Hoy ya no voy a trabajar. Mañana más.
- Pues vente conmigo. Ahora soy yo el que quiere enseñarte algo. Voy a presentarte a un tío mío. A lo mejor te gusta escuchar lo que dice. Vive en aquel edificio.
Llamamos y subimos. Mi tío siempre está en casa, con las persianas bajadas, fumando y dibujando ciudades con ríos silenciosos que las cruzan. Nos recibió con una sonrisa rota en una barba espesa y negra y un poco de pelo revuelto por la cabeza. Llevaba un jersey lleno de humo. Había una lámpara encendida que dejaba todo en penumbra. Había un olor fuerte y viejo por todas partes. El hombre imbécil, el hombre insignificante y el hombre barba se sentaron en un viejo sofá, con unos viejos vasos de agua, entre cientos de viejos discos. El hombre barba necesitaba muy poco empuje para soltar prenda.
- Este amigo mío ha llegado hoy a Villena. Y tiene mucho interés en conocer tu teoría sobre la buena educación y la conspiración capitalista, le he dic…
- Oh, fantástico, fantástico, fantástico. ¡La buena educación! ¡Fantástico! Hasta yo mismo he pensado que no soy más que un tarado. Pero no es una teoría, esto es una observación. Hace tiempo descubrí cosas horribles que nadie quiere escuchar
- Tío, sabes me gus...
- Cosas horribles! Horribles y tristes!
- Déjeme decirle que nada horrible he…
- El descubrimiento fue esta cosa simple y horrible: NADIE PUEDE SALIR DE VILLENA. Es casi imposible. No sé si mi sobrino te ha enseñado o tú has visto que el pueblo lo cruza una avenida como si fuera un pincho moruno.
- Buen he visto que…
- La gente pasea de un lado a otro. Nunca suben, nunca van por otras calles. Siempre pasean a lo largo de esa avenida. Llegan hasta los Salesianos, y vuelven hasta lo que se conoce como el quiosco de la Paloma. Luego vuelven a los Salesianos. Y así eternamente. Esto me llamó la atención. Yo estoy enfermo y pasaba horas mirando la calle. Después de muchos meses averigüé, usando prismáticos de visión nocturna, que el aire del pueblo se cierra en esos dos extremos. En cada parte se estrecha el aire formando una especie de embudo. Y es casi imposible que alguien escape. Lo raro es que ese estrechamiento es difícil de ver. Pero esto es un hecho y tengo pruebas: una vez vi a un hombre que salió corriendo y trató de romper el aire estampándose contra él, pero salió despedido hacia atrás; otra vez vi a un viejo dando patadas a un culo enorme: era su mujer, se había quedado atascada en el cuello del embudo, y al final el hombre tuvo que estirar de una pierna hasta sacarla de allí. Tengo cientos de pruebas sobre estos y otros casos, hay quienes tardan algunos meses en aparecer de nuevo, pero aparecen…
- A mí me parece que…
-Lo sorprendente es que después de esto la gente daba media vuelta y sonreía alegremente. Sé que van sonriendo hasta el otro extremo del pueblo, intentan salir, pero no pueden, así que se giran de nuevo con una gran sonrisa. Esa gran sonrisa es una máscara demasiado fría. Simplemente no pueden salir. Todos fingen una enorme alegría para poder olvidar.
- Bueno, ¿y qué es una más…
- Mi teoría es que el estado fascista se beneficia de este desconcierto. Y lo hace de una forma maravillosamente siniestra: ayudando a la gente a olvidar que no pueden salir de Villena. ¿Y como?haciéndoles creer que tienen mucha suerte de haber nacido aquí, injertando en ellos sentimientos religiosos hacia sus costumbres... Y la gente está dispuesta a aceptar trabajos indeseables y mal pagados a cambio únicamente de creer que todo es maravilloso y que tienen mucha suerte, porque mucho más doloroso sería soportar esa triste realidad. Pocos tienen el coraje de vivir su agonía ¿Has visto la heladería que hay abajo?
- S…
- Pues es una forma de control estatal. Esa heladería también es del estado. La gente necesita comer helados ¿entiendes? No pueden escapar y necesitan comer helados mientras trata de escapar por una de los cuellos de embudo. Esos helados los vende el Estado Fascista, es un truco fácil, los helados hacen que la gente se sienta feliz. Pero la verdad es que es casi imposible salir de aquí.
- Vay…
- Y también regalan pipas. Es otra forma de control emocional de una población sin esperanza
- Yo cre…
- Así que todo el pueblo pasea de un lado a otro sonriendo, y nadie reconoce que no puede escapar por vergüenza. El gobierno sabe que he descubierto la gran mentira de la vida en este pueblo y me persiguen, por eso vivo encerrado. El capitalismo ha destrozado la energía primordial de…
- ¡Basta ya, señor! Déjeme hablar de una puñetera vez. Está usted loco de remate. Está paranoico! Me ha puesto de los nervios!
- JA j aja jaja
- ¡Mi pobre quijotera!
- Ja jaja ecuche el sonido de los esclavos, la música de los esclavos…es fantástico



- Bájele el volumen. Amigo mío, dígale a su tío que pare
- Es imposible
- Escucha esto sobrino, mira como golpean la tierra con sus picos
- A mí me parece que están bailando y que el cantante no está picando.
- es una canción muy triste ¡Pero ellos sabían fugarse! ¡Sabían soñar! ¡sabían soñar! No eran hombres de quejío, se fugaron cantando suavemente ¡Baila, baila!
- Señor barbudo, voy a regalarle unos zapatitos de bebé
- No tengo hijos
- Son para usted, para que camine con ellos por el pueblo
- ¡Ciudades con ríos!
- Tengo sed, tengo sed
- ¡Ríos que sueñan con barcos negros!
- Adiós, tío
- Adiós, volved cuando queráis
- Adiós
- Adiós, adiós
- Adiós, volved cuando queráis. ¡Aquí os espero!